domingo, 24 de abril de 2016

MAY WE MEET AGAIN



Hoy, al levantarme, me he dado cuenta de una cosa.
De algo que, en el fondo, ya sabía perfectamente.
Pero huía de ello.
Quizá porque duele demasiado.
Quizá porque sé que, de momento, no tiene arreglo.
Me he dado cuenta de que nada ni nadie podrá llenar el vacío que dejaste cuando abandonaste este mundo gris.
El día en que todo cayó a trozos.
El día en que mi mundo se desmoronó.
Se fue al traste.
Y joder, no sabes bien cuanto te echo de menos.
Aún pienso en esa tarde de viernes.
Sí, sí… aún.
No consigo perdonarme,
¿sabes? Tenía miedo.
No quería reconocerlo.
No quería que fuese verdad.
Y me fui.
Como cada tarde de viernes.
Sin pensar en ningún momento que, al volver, ya no estarías.
Joder, nunca te había pasado nada en todos estos años, estabas hecha una fiera a pesar de la edad,
¿y ahora iva a ser distinto?
Que va, lo superarías.
¿La casa sin ti?
No, no… imposible.
No podía ser.
Aún te quedaban años a mi lado.
A nuestro lado.
Eras el pilar que nos sostenía.
La mimada.
La más querida.
La que salía más en los álbumes de fotos, la que siempre nos hacía sonreír.
La que le daba alegría a todo.
Y a todos.
Fiel, noble, buena.
Con muy buenos sentimientos.
Incapaz de hacer daño.
Energética, fuerte.
Me llenabas de fuerza, de ganas, de vida.
Me llenabas.
Y ahora, cada día que pasa sin que estés me siento más vacía.
En vez de superarlo, cada vez pienso más en como me mirabas cuando había hecho alguna de las tuyas, o cuando querías comerte lo que tenía en la mano, en como movías la cola al llegar a casa, en como te gustaba que te acariciase…
En como te hacía cosquillas si te tocaba el lado del cuello y empezabas a mover la pata intentándote rascar, en como ponías la boca, como si sonrieses.
TODO.
Lo sabía todo de ti. Sin necesidad de usar palabras.
Y tú todo de mí.
Mi hermana, mi guía, mi refugio en días grises, mi razón de ser, mi vida, mi todo.
Un todo que ahora parece tan poco.
Es como si se hubiese invertido el efecto.
Como si ahora pasase de ser un todo a un nada.
Un nada que duele mucho.
Muchísimo.
Si me hubiese quedado esa tarde…
Si te hubiese hecho compañía…
Si hubiese aceptado que de verdad estabas mal…
Quizá ahora no tendría este remordimiento que me persigue y no me deja ser.
Que me obliga a buscar en otra gente lo que tú me dabas.
Y eso, es imposible.
Eres, fuiste, y serás lo mejor que me ha pasado nunca.
Eres irremplazable.
Lo que tú me dabas, nada ni nadie podrá devolvérmelo.
Al menos no de la forma en que lo hacías tú.
Te he querido tanto…
Te quiero tanto…
Y sé que ese amor perdurará hasta el último de mis días.
Eres una parte de mí que me fue arrebatada.
Qué injusta es la vida.
Que parece que todo va bien, y entonces la fastidia para mantenerte despierto.
Pues yo prefiero dormir.
Soñar.
Soñar que aún estás aquí.
Pero esos sueños acaban siempre siendo amargos.
Y al despertarte pasan factura.
No sabía que era tan caro volverte a ver.
Te extraño.
Demasiado.
Al fin y al cabo, es un viaje de ida.
Y da tanto asco…
pero tanto que es impotencia lo que siento en lo más profundo de mí.
Si me preguntas como estoy, te diré que bien.
Si me preguntas qué es eso que se ve en lo más fondo de mis pupilas, te diré que dolor. Mucho dolor, joder.
Tristeza, impotencia, culpa, rencor.
Odio.
Eso es lo que guardo en el recuerdo de esa tarde.
Nudillos con cicatrices.
Miradas perdidas.
Sonrisas rotas.
Caricias convertidas en golpes.
Un montón de amor por darte, que se está pudriendo conforme pasan los días.
Tu casita del balcón vacía.
Tu camita vacía.
Tu cojín de recuerdo.
Ese que destrozabas para jugar, que cogías con la boca y ya no soltabas hasta que te cansabas.
Ese que también lamías en señal de afecto como para disculparte de tus mordidas.
Ese que llevaba escrito tu nombre junto con corazones en las dos caras.
Cada una escrita por mí y por la Marta cuando yo era más pequeña.
Tu nombre en el centro del comedor.
Tu olor en la correa.
Tu pelota guardada.
El parquet rayado.
Yo rota.
Ellos seguramente también.
Aunque no lo muestren.
Quizá hacen como yo, llorar a escondidas.
Dejo que la música inunde mis oídos.
Así al menos no escucho el silencio que dejaste.
Tu silencio me quema, me mata.
Es como si la familia sin ti se fuera marchitando.
Y no quiero.
O me he vuelto débil de golpe, o he descubierto que lo soy.
Verás nada nunca me había afectado tanto como tu ausencia.
Ni siquiera la de l’avi, que quería con todas mis fuerzas.
Del cual me sentía profundamente orgullosa.
Un artista, un poeta.
Ni siquiera su partida me afectó tanto, ni durante tanto tiempo, como la tuya.
Y es que no soy capaz ni de pronunciar la palabra muerte al lado de tu nombre.
Soy incapaz.
Quizá aún siga con la venda en los ojos que me puse ese viernes.
Viernes 30 de octubre.
Un final de mes, que fue también el final de una parte de mí.
Algo se fue contigo, y ese algo duele mucho.
No estoy en paz conmigo misma.
Y eso es lo algo malo.
Algo que te atormenta y te atormenta.
Y no sé qué hacer para remediarlo.
Debería ser más fuerte.
Aguantar el dolor.
Superar tu pérdida.
Como todo el mundo hace cuando pierde a alguien.
 Lo que pasa es que estoy demasiado rota.
Por distintas partes.
Y ahora juntar las piezas es más imposible que difícil.
Quiero que se vaya ya este dolor, esta culpa, esto que tengo dentro que no me deja respirar.
Que no me deja pensar con claridad.
Que me hace perder las ganas de luchar.
Soy tan pronto una sonrisa que una lágrima.
Súper inestable.
Sóc un petit caos.
Un desastre de persona… como con razón dice alguien especial para mí.
Alguien que, por momentos, me hace olvidar todo lo malo.
Pero las cosas están difíciles.
Tú no estás, yo tampoco.
Ella es más de lo que pueda tener, nadie más me apoya como ella.
Pero nadie completa el vacío que dejaste.
Ni nada.
Te quiero.
Te quiero y mucho.
 Estés donde estés.
Ojalá fuera cierto que hay un lugar mejor allá arriba y poder volver a verte.
Ojalá.
Y como dicen en una serie que me ha hecho llorar mares
y que,
sin querer,
relaciono con todo lo que me está pasando por dentro
y da una emoción trágica muy intensa de las pérdidas de seres queridos,
después de llegar a lo más alto de la palabra amor

“May we meet again“

No hay comentarios:

Publicar un comentario