domingo, 2 de agosto de 2015

No me lo perdonaría. NUNCA

Me encuentro en ese maldito conocido mar de dudas que todos dicen tener; gente insegura, que no sabe si seguir adelante o quedarse donde está para no arriesgarse a perder. Gente que tiene miedo de lo que pueda pasar, de lo que sabe que va a pasar... Y luego estoy yo, que no sé ni definir lo que me pasa por la cabeza. Que no consigo aprender a expresar el lío que tengo entre manos, o entre cabeza o corazón, quizás más bien dicho. Y es que de verdad que no lo sé. Supongo que no hay descripción más buena que dar de esta duda que ponerle tu nombre. Porque tú eres mi duda. Tú eres mi error y mi acierto. Mi infierno y mi cielo. Mi seguridad y mi confusión. Entonces, ¿qué quieres que haga? Si ni yo me entiendo, ¿como voy a tratar de entender un 'nosotros'? Si ni yo sé que hacer conmigo, dime, ¿cómo voy a saber qué quieres tú de mí? Ya lo ves, no sé nada. Nada de nada. Lo único que me mantiene en pie son dos cosas: mi orgullo y la música. La música que, como ayer aprendí, es el único amor que no te hace sufrir. Y el orgullo, bueno, el orgullo almenos me pone un antifaz para que nadie pueda ver lo que siento a cada momento. Porque será un tanto masoquista o lo que quieras pero, prefiero que no te des cuenta de nada a que te subas a unos altares donde nunca tendrías que haber estado. Porque al final, pese a todo, la que ha acabado así de mal soy yo, no tú. Bueno tu quizá sí, pero más por sentimiento de culpa que de otra cosa. Así que nada, aquí sigo, después de tantos días y semanas... Pero te equivocas si crees que unas palabras y un par de lágrimas van a arreglar las cosas. Siento que cada día me hago con más fuerzas para tirar adelante. Para avanzar. Y es que no, no soy la misma. He aprendido de mis errores (tú). Gracias a (tú) ellos he crecido y crecer implica cambiar, cambiar para bien. Y eso he echo; aprender, crecer y cambiar. Así que tomo este dolor como maestro y esta tristeza como compañera temporal.
Pero quiero que sepas, que si volviera a caer con la misma piedra (tú), no me lo perdonaría. Nunca.
Siempre que hago esto te digo algo a ti. Esta vez me lo voy a decir a mí misma, si no te importa.
Ahi va: te quiero, te quiero porque voy a estar contigo el resto de tu vida y esta es solo una piedra de las miles que habrá en el camino. Confio en ti, siempre lo he echo y siempre lo haré. Ármate de valor, sal ahí fuera y sé feliz. No por algo ni por alguien, sino porque es lo que te mereces tú y los de tu alrededor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario